Una mirada ontológica sobre el proceso de Mediación:
su devenir y su por-venir en la sociedad actual

IV Jornada de Mediación – Ciudad de Tigre

“Una Mirada Ontológica sobre el proceso de Mediación: su devenir y su por-venir en la sociedad actual”

Lic. Sandra Munk

Buenas tardes.

Agradezco al Colegio de Escribanos de la Provincia de Buenos Aires y a la Dra. Marcela Voiscovich la oportunidad de compartir estas Jornadas.

La temática que voy a desarrollar toma como eje “El Abordaje de la Ontología del Modelo de Mediación”.

Quisiera compartir estas reflexiones siguiendo el espíritu a la Ontología, rama de la filosofía, que surgen del anhelo y la curiosidad del ser humano por conocer y comprender el mundo que nos rodea.

Por lo tanto, es desde esta perspectiva que quisiera presentar algunos pensamientos y experiencias.

La Ontología nos remite a los fundamentos, al origen, a una cuestión tan esencial como es preguntarnos por el “Ser” de las cosas, su “Existencia”. Abordar la Mediación desde la Ontología es, por consiguiente, una invitación a hablar sobre sus aspectos constitutivos.

Una de las primeras respuestas que se dio a esta pregunta ontológica estaba enmarcada por los parámetros establecidos por el pensamiento metafísico que sirvió de base durante largo tiempo a la forma como se observaba la vida, los seres humanos y el mundo. Se asumía, desde esta concepción metafísica, que éramos de una manera dada, fija e inmutable.

Este interés fue dando lugar a lo que se llamó el “Arte del Pensamiento Certero” que se sirvió de la lógica, como la senda del pensamiento válido, como la forma de trasladarnos de una idea a otra para alcanzar lo verdadero y esquivar lo falso. Quedaron así, sentadas las bases del pensamiento binario y de la racionalidad, que son de alguna manera “la marca de fábrica de nuestro mundo occidental”.

El quehacer científico, también se vio teñido por esta necesidad de alcanzar la verdad última, de encontrar el ladrillo esencial y dar respuestas universalmente válidas que impactaron por ejemplo en la emergencia del pensamiento científico y de la filosofía cartesiana.

Diferentes hechos como…

la 2º guerra mundial… la vertiginosidad de los avances científicos…la profusión de los medios de comunicación…la irrupción del lenguaje electrónico…

…comenzaron a socavar los cimientos del mundo moderno, y resquebrajaron este edificio de occidente tan sólidamente construido.

Promovieron otras posibilidades, otras ideas, una nueva interpretación de los que significa “Ser Humano”.

Para ilustrar este concepción emergente podemos nombrar a la Física Cuántica, con exponentes como Fritjof Capra o David Bohm; con su interesantísimo “Tratado sobre el Diálogo”, o el Pensamiento Sistémico con Heinz Von Foerster o Ilya Prigogine. Empezaron a surgir pensadores como Humberto Maturana y Francisco Varela, quienes a través de “su Biología del Conocimiento” nos dicen “No sabemos cómo las cosas son, sólo sabemos cómo las observamos o cómo las interpretamos. Vivimos en mundos interpretativos”.

Asimismo, nos encontramos con corrientes filosóficas tales como la desarrollada por Heidegger que retoma a Heráclito –“no se puede beber dos veces del mismo río”- o Nietzsche que nos dice que “para comprender a los seres humanos no podemos concentrarnos sólo en su ser, sino que también debemos mirar lo que no son, hacia el espacio en el que se trascienden las formas actuales de ser y de participar del proceso de devenir”.

Estos mismos cambios alcanzaron a la lingüística – John Austin, John Serle, Ludwig Wittgenstein-; a la Psicología con el desarrollo del Constructivismo, la Gestalt; a la Teoría del Management, – Peter Senge, Stephen Covey-.

Desde esta nueva perspectiva ontológica, según Rafael Echeverría, nuestra esencia ya no se concibe como dada, fija e inmutable. “Ser humano” es estar en un proceso permanente de devenir y cambio, de inventarnos y de reinventarnos, dentro de una deriva histórica, de mirarnos a nosotros mismos como “seres generativos”, indeterminados, un espacio abierto apuntando al futuro”.

Somos fundamentalmente seres sociales que nos constituimos como individuos en nuestras interacciones: familiar, educativa, social y laboral.

Nacimos en un contexto con un orden determinado, en el que estamos acostumbrados a vivir, que moldea nuestras posibilidades de acción y da sustento a las condiciones que debe cumplir una persona para ser parte de la sociedad, de las instituciones o de las organizaciones. Por lo tanto, nuestro marco referencial es de naturaleza cultural y las prácticas sociales son contextuales e históricas.

Los distintos ámbitos sociales por los que transitamos van generando en nosotros un cúmulo de experiencias vitales que hacen que nos situemos frente a la realidad moldeando nuestra cosmovisión acerca de cómo nos interpretamos a nosotros mismos, a los demás, al mundo y a lo que nos sucede. Nos proporciona un conjunto de lentes a través de los cuales mirar los distintos fenómenos. Configuran nuestros mapas y nuestros valores, y si bien tienen un efecto silencioso, impactan directamente en las decisiones que tomamos y direccionan en consecuencia nuestras acciones.

Todo esto ocurre en transparente; es decir que no nos damos cuenta; es automático.

Es por esto, que solemos sentirnos asombrados por las diferencias que surgen en nuestra percepción de las cosas. Suponemos que al tener todos los seres humanos, una estructura biológica similar, hacer inferencias parecidas, compartir un mismo contexto social, histórico y político, debiéramos llegar a igual conclusiones, y nos sorprendemos cuando esto no es así, generando desencuentros y malos entendidos.

En cuanto a las prácticas de resolución de conflictos, las mismas no pueden ser entendidas en forma aislada del contexto que las genera. Conflictos hay siempre: en las empresas, en las familias, en los colegios, en las parejas. Por lo tanto, la Mediación se genera en una sociedad en la que continúan vigentes estructuras jerárquicas como modelo de gobernabilidad y, como modelos de interrelación la confrontación y la competencia.

Desde tiempos inmemoriales el poder de autorregularnos está puesto afuera (el jefe de la tribu, el sabio del pueblo, las corporaciones de comerciantes de la edad media). Continuamente recurrimos a una autoridad externa, que actúe de juez o árbitro, para que dirima nuestras desavenencias. Si bien podemos llegar a aceptar, no sin cierta dificultad, que cada uno tiene su verdad, pareciera que desde este modelo de pensamiento, hay verdades más verdaderas que otras.

Entonces, la Mediación nos desafía a salirnos de nuestros marcos habituales. Nos propone un corrimiento de esta forma confrontativa y adversarial de resolver los conflictos a un modelo relacional y colaborativo en el que cada uno de los involucrados en el problema sea parte de la solución, asentado en el empowerment, en el protagonismo de las partes y en la responsabilidad cívica. Nos invita a encontrar miradas alternativas, otras opciones que incrementen nuestra posibilidad de respuesta, resolver las disputas a través de la comunicación y el diálogo. Ya no hay una verdad única a ser develada en la que solamente se nos presentan dos opciones: tener la razón o estar equivocado.

Qué nos propone la Mediación: encontrar estrategias en la multiplicidad. Ya no hay un solo camino posible y correcto, que si no puedo transitar me deja empantanado. Hay posibilidades infinitas, tantas como se pueda crear y sostener.

Sin embargo, estas transformaciones van a requerir de un proceso. Constituirán un punto de llegada, una instancia en donde todavía tenemos que ir generando distintas experiencias colaborativas y una mayor conciencia de responsabilidad cívica, para consolidar a la Mediación como una metodología habitual, incluso, privilegiada por sobre otras.

En este camino de acercar la Mediación a la sociedad como una práctica posible, observamos que existen ciertos supuestos sobre los que se asientan nuestras acciones. Los mismos se encuentran en el imaginario social como representaciones muy arraigadas en la cultura que operan en forma automática, y que hacen que la gente resuelva las situaciones a las que se enfrenta de una determinada manera.

En función de estos conceptos, decidimos realizar un estudio de campo donde pudiéramos rastrear y registrar cuál era, en las organizaciones sociales, la percepción de las personas respecto de la Mediación como un recurso de resolución de conflictos.

Tomamos como modelo al ámbito escolar. Se diseñó una entrevista semi estructurada que nos permitiera adentrarnos en cuáles eran los mapas y los valores subyacentes a la percepción de la Mediación. En primer lugar, queríamos saber si las personas habían tenido algún tipo de contacto directo o, a través de algún allegado. Nos interesaba, además, indagar cuál era la visión que tenían al respecto como recurso a ser utilizado por la institución escolar en general y específicamente qué les parecía si se la instalaba en los colegios en donde se desempeñaban en sus distintos cargos. Exploramos la idea de que si consideraban posible que ellos mismos o bien sus alumnos, se entrenaran como mediadores.

Los resultados fueron recopilados en el libro “Mediación, Contexto y Escuela”, del cual haremos un breve resumen de los comentarios y respuestas que se recabaron:

• Un alto porcentaje de las personas veía con muy buenos ojos esta posibilidad de incluir a la Mediación en el ámbito escolar. Adujeron la necesidad de encontrar nuevas modalidades de abordar los conflictos en temas propios del quehacer cotidiano como es la disciplina en el aula, así como también complementando las prácticas existentes, sobre todo en aquellas problemáticas con la violencia, las drogas.

• Se revalorizó la posibilidad de abrir un ámbito en donde poder exponer y conversar acerca de las diferentes opiniones respecto de situaciones y temáticas difíciles y pensar en conjunto cómo poder abordarlas “evitando etiquetas o condenar”, “aceptando que todos tenemos cosas para mejorar” y de este modo colaborar a generar un buen clima y favorecer el aprendizaje, el objetivo primario de la institución escolar.

• Recalcaron la importancia de aprender a tener conversaciones más productivas, a escucharse desde un lugar de mayor apertura poniendo, momentáneamente, entre paréntesis los propios supuestos, para acercarse al mundo del otro, y desde allí abrir alternativas diferentes y coordinar acciones más allá de las diferencias.

Si bien este estudio se llevó adelante en el escenario educativo, las conclusiones del mismo se podrían trasladar a los diferentes ámbitos de la vivencia humana como las familiares, sociales, institucionales, empresariales.

Podemos además decir, que este tipo de experiencias piloto, da claves muy interesantes y precisas sobre qué aspectos tendríamos que tener en cuenta a la hora de planificar procesos de cambio como es el de instalar la Mediación en las organizaciones sociales.

En tal sentido, la Mediación, al tomar en consideración los aspectos comunicacionales e interaccionales de los conflictos, brinda valiosas contribuciones al desafiar los modelos de resolución instalados en la sociedad. Se propone generar una mirada relacional que valore las diferencias y que permita el desarrollo de nuevas posibilidades, acompañando el diseño de acciones para gestionar y resolver las desavenencias y facilitar el acceso a acuerdos sustentables y satisfactorios.

Para cerrar esta exposición, me gustaría compartir con ustedes un breve párrafo del prefacio que escribió Edgar Morin, sociólogo y epistemólogo, en su libro “Los Siete Saberes Necesarios para la Educación del Futuro” al ser convocado por la UNESCO a tales efectos:

“Cuando miramos hacia el futuro vemos numerosas incertidumbres sobre lo que será el mundo de nuestros hijos, de nuestros nietos y de los hijos de nuestros nietos. Pero, al menos de algo podemos estar seguros, si queremos que la Tierra pueda satisfacer las necesidades de los seres humanos que la habitan, entonces la sociedad humana deberá transformarse. Así el mundo de mañana deberá ser, fundamentalmente, diferente del que conocemos hoy en el crepúsculo del Siglo XX y del milenio.

Debemos, por consiguiente, trabajar para construir “un futuro viable”. La democracia, la equidad, la justicia social, la paz y la armonía con nuestro entorno natural deben ser las palabras clave en este mundo en devenir.

Debemos asegurarnos de que la noción de “durabilidad” sea la base de nuestra manera de vivir, de dirigir nuestras naciones y nuestras comunidades y de interactuar a nivel global”.

Muchas gracias.

Lic. Sandra Munk

BIBLIOGRAFÍA DE REFERENCIA

  • Bauman, Zygmunt – En Busca de la Política – Editorial Fondo de Cultura Económica – Buenos Aires, 2002
  • Echeverría, Rafael – Ontología del Lenguaje – Editorial Granica – Buenos Aires, 2005
  • Echeverría, Rafael – La Empresa Emergente – Editorial Granica – Buenos Aires, 2009
  • Frankowski de Munk, Sandra – Mediación, Contexto y Escuela. Bases Teórico – Prácticas Editorial Fundación Belgrano – Universidad de Belgrano, 2002
  • Frankowski Sandra – La Magia de las Palabras. Reflexiones desde la Ontología del Lenguaje – L@ Revista – Mediadores en Red – Año IV – N ° 12 – Abril 2008 y en www.sandramunk.com
  • Heidegger, Martín – Introducción a la Metafísica – Editorial Nova – Buenos Aires, 1960
  • Maturana, Humberto y Varela, Francisco – El Árbol del Conocimiento Editorial Universitaria – Santiago de Chile, 1984
  • Morin, Edgar – Los Siete Saberes Necesarios para la Educación del Futuro – Editorial Nueva Visión – Buenos Aires, 2001