Soluciones creativas para conflictos dolorosos

Autora: Lic. Sandra Munk

Revista Virtual “Papis” N º 28 - Agosto 2007

LAS RANITAS EN LA CREMA 
Había una vez dos ranas que cayeron en un recipiente de crema.

Inmediatamente sintieron que se hundían; era imposible nadar o flotar
mucho tiempo en esa masa espesa como arenas movedizas. Al principio las
dos patalearon en la crema para llegar al borde del recipiente pero era
inútil, solo conseguían chapotear en el mismo lugar y hundirse. Sintieron
que cada vez era más difícil salir a la superficie a respirar.
Una de ellas dijo en voz alta:
- No puedo más. Es imposible salir de aquí, esta sustancia no es para
nadar. Ya que voy a morir no veo por qué prolongar este dolor. No
entiendo qué sentido tiene morir agotada por un dolor estéril.
Y dicho esto, dejó de patalear y se hundió en el espeso líquido blanco.
La otra rana, más persistente, se dijo:
- ¡No hay caso! Nada se puede hacer para avanzar en esta cosa. Sin
embargo ya que la muerte me llega, prefiero luchar hasta mi último
aliento. No quisiera morir un segundo antes de que llegue mi hora.
Y siguió pataleando y chapoteando siempre en el mismo lugar, sin avanzar
un solo centímetro. ¡Horas y horas!
Y de pronto… de tanto patalear y agitar, agitar y patalear… la crema se
transformó en manteca.
La rana sorprendida dio un salto y patinando llegó hasta el borde del pote.
Desde allí solo le quedaba ir croando alegremente de regreso a casa. Fray Mamerto Menapace

Releer este cuento, que probablemente muchos de Uds. deben conocer, nos lleva a reflexionar que, al igual que las ranitas, nos encontramos muchas veces en nuestras vidas frente a situaciones difíciles. Situaciones desafiantes que involucran seres queridos: parejas, hijos, familiares, que nos conmueven e impactan. ¿Qué hacer? ¡Más de una vez quisiéramos bajar los brazos y ya
está! Otras, presentamos batalla. Estamos firmemente propuestos a no
dejarnos vencer tan fácilmente por la situación que nos abruma. Estas reflexiones nos ponen de cara a cómo concebimos los conflictos y las desavenencias a las que nos vemos confrontados en nuestro día a día.

O bien . . .

No nos olvidemos que, inevitablemente, los conflictos y desencuentros son un fenómeno natural e inherente a la vida de relación, en la que coexisten deseos y necesidades por satisfacer, malos entendidos, criterios y puntos de vista en los que diferimos y que suelen enfrentarnos.

Tomemos por ejemplo, el tema de una posible disolución marital, una alternativa frecuente en los días que corren. Frente a la misma se abre todo un abanico de sensaciones y sentimientos que giran alrededor del dolor, del enojo, de la decepción, de la aflicción e incertidumbre, sin dejar de lado el resentimiento que muchas veces tiñe nuestra mirada… Estas emociones se entrelazan tanto con la perspectiva que cada miembro de la pareja tenga, por ejemplo respecto de si mismo, del matrimonio y de la familia, de la crianza de los hijos así como también de los aspectos que hacen al logro y mantenimiento del bienestar.

Citando a Florence Kaslow, una reconocida consultora de familia norteamericana, ésta desarrolla una interesante interrelación entre las diferentes etapas que se van recorriendo en el camino del divorcio y los aspectos a resolver que involucra cada una de ellas. Se refiere a las mismas como

Esta especialista nos invita a poner bajo la lupa las negociaciones y decisiones que debe tomar una pareja en el proceso de desvincularse. Hay una gran cantidad de decisiones racionales importantes a ser tenidas en cuenta: dónde vivir, la manutención del hogar, con quién van a vivir los chicos, cuándo estarán con el otro miembro de la pareja parental, si se los cambiará o no de colegio, cómo seguirá la relación con la familia extendida, quién se hará cargo de qué, de qué manera, en qué momento… ¡Y todas estas decisiones con una alta carga emocional en el medio!

A todas estas decisiones, que deberán ser tomadas en un período de gran malestar e incertidumbre y que afectarán el futuro, a su vez se les pueden sumar los deseos de tomar represalias o la presión de terceros – abogados de partes, familiares, amigos, etc. – que por lo general bien intencionados - proponen: “¡tomar para si lo más que se pueda, porque no sabes que va a pasar en el futuro, entonces, ¡mejor cubrirse!”.

De ahí la importancia de cuidar la calidad de las decisiones a las que se arribe buscando, en la medida de lo posible, ir por sobre las animosidades, desarrollando acciones que promuevan el cuidado de la relación, el respeto por uno mismo y por el otro, y más aún si hay hijos en común y por lo tanto la relación debe continuar para atender a sus necesidades. Llegado a este punto, y sin soslayar las desilusiones y los malestares propios de estos momentos, el poder mirar a los conflictos que nos afrentan y enfrentan como una oportunidad de salida hacia una mejor calidad de vida, hacia un mayor bienestar, en el cual, toda la familia en general y ambos miembros de la pareja en particular están asociados, determinará en buena medida la manera en que se resuelvan las diferentes conflictivas, su incidencia y el costo emocional que traigan aparejado!!!!

Esta mirada respecto de los conflictos que supone que el problema ya no está solo en los desacuerdos y disidencias, sino más bien en las respuestas que damos frente a los mismos,permite encontrar otras maneras distintas a las que estamos acostumbrados al resolver las diferencias que se nos van presentando a lo largo de la convivencia. Potencia la capacidad de desarrollar opciones creativas, de transformar la crema líquida de nuestro cuento en manteca para volver a afirmarnos nuevamente y dar un salto hacia una mayor armonía y una mejor calidad de vida.